sábado, 27 de septiembre de 2008 | | 0 comentarios

¿CUÁLES HAN SIDO TUS LIBROS PREFERIDOS?

La lectura Augusto Renoir

Estas escenas serían, como pequeños informes del estado de una sociedad imaginaria-la sociedad de los lectores- que siempre parece a punto de entrar en extinción o cuya extinción, en todo caso, se anuncia desde siempre. Ricardo Piglia

La lectura. Tiene que ver con el silencio. Con la búsqueda. Con la necesidad de aprehender. A través de los libros vamos diseñando nuestra brújula. Nuestros instrumentos de navegación. Nos llenamos silenciosamente de palabras. Hay un rincón en la casa. El preferido. El de la lectura. Con libros, que se acumulan en pilita. Junto a otra pilita. Temas y autores tan diversos. Depende, de qué andemos buscando cada vez. Leemos en los parques. Las salas de espera. Los transportes. El libro y sus promesas. ¿Qué día dicen que es? ¿En qué ciudad? ¿Con qué personajes?
Los libros preferidos. Lo que descubrimos. Nos marcan. Hay libros que nos acompañan siempre. Con la misma intensidad. Hay otros, que ya no preferimos, pero fueron compañeros definitorios, en distintos momentos. Están en el librero. Cargados de nuestras preguntas de entonces. Nuestras necesidades y convicciones de entonces. Nos crearon imaginarios nuevos. Esperanzas. Fascinación por ciudades. Modelos de vida. Ideales. Actitudes. Elecciones. ¿Cuántas generaciones de damas latinoamericanas languidecieron, deseosas de parecerse a la Maga, de Julio Cortázar en Rayuela? Podrían desmayarme de vergüenza retrospectiva. Pero fue todo un modelo de feminidad. Con su pasión desbrujulada a cuestas. Su manera de entregarse, al amor y al instante. Les parecía tan poética.
En La pasión por los libros, del filólogo Francisco Mendoza Díaz, se describe como ese niño "tímido y miope", que a los 11 años gastó 23 pesetas – “una fortuna para el hijo de un zapatero remendón”- adquiriendo una docena de libros en el Rastro madrileño. La foto de la portada es muy bonita: dos señores con sombreros Borsalino, revisan libros, en los estantes sobrevivientes de una biblioteca bombardeada en el Londres de 1940. De entre los escombros, rescatan palabras.
Mendoza, no describe exactamente a los devoradores que leemos ediciones de bolsillo. Sus lectores, padecen una exigencia más: son bibliófilos. Coleccionistas. Pero a pesar, de ese asegún de pasión especializada. Está hablando de lectores. Con más o menos mañas o exigencias. Lectores. El "Loco amor", la "Pasión desaforada por los libros". Avanza su hipótesis de las sinrazones del coleccionista: "Experimentamos a menudo esa sensación de que algo nos falta, psicológica o afectivamente…Uno de los modos más extendidos y menos perjudiciales de combatir la insatisfacción vital, es el coleccionismo".
¿Qué ser humano no siente la carencia? La falta. Aunque no coleccione rarezas e incunables. Esa búsqueda de un más allá de los límites, ¿No es el principio mismo de la pasión lectora? Entender lo que no entendemos. Acercarnos a lo que no sabemos. Avanzar en aprendizajes. Explorar mundos. Pasearnos en historias ajenas. Quizá quien se siente “completito”, no necesita leer. Pero, ¿quién podría sentirse así? La creatividad de los otros nos llama. Nos hipnotiza. Porque nos “falta”.
Cita a Eco, le preguntaron si había leído los 30 mil volúmenes de su colección: "No, los que ya he leído los tengo en la universidad, estos son los que voy a leer la semana próxima". Cuenta de M. de la Bedoyere, harto del hacinamiento provocado por su manía libresca (libreros apretujados y las eternas pilitas). Decidió curarse vendiendo sus libros. En el instante en que comenzó la subasta, su angustia fue tal, que terminó comprándolos todos. Pensé en Wilde, cuando en De profundis, le reprocha a su amante (en el que dilapidó su fortuna) el dolor y la humillación que le significó enterarse -en la cárcel- de la subasta de su biblioteca. Y lo más insoportable: su bienamado en libertad, no pensó en adquirir por lo menos uno de sus libros. Uno. Como memoria de toda una vida. Metafóricamente subastada. Página a Página.

Si pensaras en libros que marcaron tu vida ¿Cuáles serían?
¿En qué etapa cada uno? ¿Por qué?
La botella se fue al mar. Nos escuchamos.

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CIFRAN EN 2300 A.C. LA CONSTRUCCIÓN DE STONEHENGE


La fecha es el descubrimiento más importante de las excavaciones que empezaron el pasado marzo en el conjunto megalítico, destinadas a averiguar cuándo y por qué fue construido y establecer si fue un santuario al que la gente enferma iba en busca de cura.

Tras una excavación histórica que se acaba de completar, arqueólogos ingleses han cifrado en el 2300 a.C. la construcción de Stonehenge, el círculo de grandes bloques de piedra más famoso del Neolítico, unos trescientos años después de lo calculado hasta ahora, según revela un documental que emitirá la BBC.Esta investigación arqueológica estuvo a cargo de los profesores Tim Darvill, de la Universidad de Bournemouth (sur de Inglaterra), y Geoff Wainwright, de la Sociedad de Anticuarios.Los detalles de estos trabajos están contenidos en el documental Timewatch que emitirá el próximo día 27 la cadena BBC.En las excavaciones se obtuvieron fragmentos orgánicos del círculo de piedra originario, del que no hay restos visibles.Este material fue enviado a un laboratorio en Oxford, que fijó la fecha de radiocarbono, distinta a los años calculados hasta ahora sobre el origen de Stonehenge, de entre 2600 y 2400 a.C.La fecha, según la cadena, es fiable, aunque en los próximos meses los expertos harán más pruebas para dar un resultado preciso.Además, los análisis de los minerales del lugar indican que las piedras doleritas originales fueron llevadas a la llanura de Salisbury (sur de Inglaterra)- donde está Stonehenge-, desde Preseli (Gales), zona que está a 240 kilómetros del complejo megalítico.Darvill y Wainwright creen que Stonehenge fue un centro de curación, algo así como el santuario de Lourdes de la época, adonde personas enfermas o heridas viajaban en busca de cura porque creían que las piedras doleritas tenían poderes especiales.Los análisis de dientes hallados en Stonehenge indican que "cerca de la mitad" correspondían a personas que no eran del lugar."Stonehenge no sólo podía atraer a personas que no estaban bien, sino a gente que podía curarles", según Darvill."De esta manera, Stonehenge fue de algún modo el servicio de urgencias del sur de Inglaterra", añadió.Para establecer estas teorías, los dos profesores recibieron permiso de English Heritage (Patrimonio), responsable del mantenimiento del conjunto megalítico, para excavar en una zanja de entre 2,5 y 3,5 metros en el cuadrado sureste.En declaraciones a la BBC, Wainwright dijo que el trabajo ha sido como "un sueño hecho realidad", "le dijimos al mundo que fecharíamos Stonehenge. Fue un riesgo pero tenía confianza".La nueva fecha coincide con la del entierro del llamado "Arquero de Amesbury", al parecer un hombre rico y poderoso de la época.Los análisis de su cuerpo indican, según la BBC, que era un hombre que sabía construir con metal, que viajó a Stonehenge desde los Alpes, aunque se desconoce por qué razón.

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LAS CONFESIONES DE LEÓN TOLSTÓI


La edición de las cartas del autor de La guerra y la paz cierra el retrato más completo del escritor ruso y reflejan la lenta conversión del Tolstói de conde a monje. En su país todavía perduran colonias que viven bajo el ideario naturista y legado del creador de Ana Karenina.

Sólo la muerte prematura (Dostoyevsky, Pushkin...) salva a un escritor ruso de convertirse en un profeta (Tolstói, Solzenitsin...). La traductora mexicana Selma Ancira presenta en España, en Acantilado y tras ocho años de trabajo, el autorretrato más completo del autor de Ana Karenina: los diarios, reunidos en dos tomos, y una selección de su vasta correspondencia: 390 cartas elegidas entre las 10.000 guardadas en una habitación blindada en Moscú. Selma Ancira, gracias a la Fundación de Arte y Cultura de México, pudo instalarse en Moscú para consultar los manuscritos originales y publicar por primera vez los textos sin censura alguna, ni soviética ni de los editores timoratos o poco rigurosos de los años 40 y 50. "Me planteé la edición de los diarios y la correspondencia de modo que cada entrada del diario o cada carta fueran una tesela del mosaico para completar el retrato de cuerpo entero de Tolstói". Un retrato en movimiento. "Para vivir honradamente -decía el escritor- es necesario desgarrarse, confundirse, luchar, equivocarse, empezar y abandonar, y de nuevo empezar y de nuevo abandonar, y luchar eternamente y sufrir privaciones. La tranquilidad es una bajeza moral". ¿Qué retrato aparece? Un hombre impetuoso, apasionado, fogoso, descarriado, de aguda inteligencia, mezclado todo ello con un sentimentalismo exacerbado, en autoanálisis permanente y en búsqueda ansiosa de la verdad. Un sentimentalismo que no le impedía ser cruel con Shakespeare o retar a duelo a Turguenev, después de escribir que él perduraría más que Dostoyevsky, a quien no conoció, "un hombre en el que -reprochaba- todo es lucha".Una personalidad compleja y contradictoria, lector de Buda, Mahoma, Lao Tse, la Biblia, Epícteto, Kant, Nietzsche, en francés, inglés, alemán, griego, atormentado por dejarse vencer por la práctica del sexo, que encontraba "repugnante" y no conseguir el ajuste ideal entre su ética y su vida. A Selma Ancira, sumergida en el mundo Tolstói durante ocho años, aún le siguen sorprendiendo las paradojas: de cazador entusiasta a naturista vegetariano, de bebedor, jugador y fumador empedernido a fomentar ligas antialcohol y antitabáquicas, de escribir, en 1854, en la campaña del Cáucaso frases como "es cierto que es un placer un poco extraño el ver a las personas matarse unas a otras", a ser un defensor de la resistencia no violenta que se carteaba con Gandhi. Un Tolstói que consolaba a un amigo postrado: "No se aflija por su enfermedad. Está bien estar enfermo. De otra manera sería demasiado difícil morir". Los diarios y las cartas desmienten el cliché de un primer Tolstói europeo frente a un Dostoyevsky eslavo. "Tolstói vuelve de su viaje a Europa horrorizado, por ejemplo cuando asiste en París a una decapitación por guillotina: no entiende cómo se puede acabar con la vida de un ser humano con tanta frialdad". Es el repudio a su clase social, al fantaseo, al arte por el arte, cuando la realidad que ve cada día supura infamia, injusticia, sufrimiento y miseria, lo que le mueve a recriminar a Bernard Shaw su ironía, a Goethe su rima intelectualizada, a su mujer su predilección por la futilidad de la vida urbana, o, en definitiva, a reprocharse a sí mismo el abismo que ve entre Tolstói escritor y el autor de sus exámenes de conciencia diarios, hasta el punto de execrar sus novelas, como Ana Karenina -"ojalá alguien pudiera acabarla por mí, es repulsiva"- o Guerra y paz, reescrita por entero ¡siete veces! La transformación de Tolstói de conde a monje fue progresiva. Escritor compulsivo, su interés insaciable por el mundo le llevó a interesarse por la filosofía, la religión, la reforma social o la pedagogía - "he encontrado 150 textos pedagógicos de Tolstói que aún se dan a leer a los niños en Rusia y en las colonias que él fundó y que siguen sus tesis; he podido comprobar por mí misma que los niños salen risueños y alegres", dice Selma Ancira. El ideario de Tolstói era un personal humanitarismo cristiano. "Jamás creeré en la sinceridad de las convicciones cristianas, filosóficas o humanitarias de alguien que hace vaciar el orinal a una sirvienta. La máxima moral más simple y más breve: que los otros lo sirvan a uno lo menos posible, y servir uno a los otros en la medida de lo posible. Exigir de los otros lo menos posible, y darles lo más posible".


Un amor de novela.

Otro de los misterios de Tolstói es su relación con Sofía, su mujer. Se casaron cuando él tenía 36 años y ella 18. Tolstói cometió el error de dejarle leer sus diarios de soltero, donde confesaba su turbulenta vida sexual. Lo hizo pocos días antes de contraer matrimonio y, según los diarios de Sofía, ella sufrió una decepción que arrastró toda su vida. Tuvo 13 hijos, de los que vivieron 8. Jamás entendió la vida campesina y humilde que quería llevar su marido y se resistió a que Tolstói entregara sus tierras a los pobres y dejara libres de derecho sus obras literarias. Se enamoró de un músico y Tolstói se vengó cruelmente escribiendo Sonata a Kreutzer, humillándola ante sus hijos -le obligó a leérsela en voz alta- y ante toda Rusia. Según Selma Ancira, eso está en el origen del odio a Beethoven y a la pintura que el autor expresó en ¿Qué es el arte? Las salidas de su mujer y el músico fueron precisamente a un concierto de Beethoven donde se interpretaban las obras criticadas por Tolstói y a exposiciones de pintura citadas negativamente en el libro. El final de su relación es digno de un drama, con notas de thriller: a los intentos de fuga de Tolstói, Sofía, ya montado su marido a caballo, respondía agitando a gritos desde la ventana un frasco de arsénico o arrojándose vestida a un estanque de agua helada. Al final, Tolstói, con 82 años, se escapó con su hija Sasha. Celebérrimo en toda Rusia, compraba en las estaciones de tren billetes a destinos falsos para despistar a Sofía. Emprendió su último viaje en un furgón humilde, con el viento gélido del invierno ruso colándose por las ranuras. Enfermó de pulmonía y le depositaron en una barraca. Su mujer dio con él, pero Tolstói, agonizante, se negó a recibirla. Hay una foto estremecedora que refleja el drama. Sofía intentando escrutar desde la calle, a través de la ventana, el cuartucho donde yace su marido, al que no puede acceder, después de vivir con él 48 años, en la hora de su muerte. Fue en 1910, siete años antes de que el vendaval revolucionario acabara con la vieja Rusia.